Francisco a los jóvenes polacos: «Juan Pablo II los inspire a caminar con Jesús»

«Espero que las celebraciones del centenario del nacimiento de San Juan Pablo II inspiren en ustedes el deseo de caminar con valentía con Jesús, que es «el Señor del riesgo», es el Señor del siempre «más allá»», dice Francisco en su videomensaje subrayando lo mucho que amaba a la juventud el Papa polaco y recordando la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia, 2016.

Ciudad del Vaticano

Se cumplen 100 años del nacimiento de San Juan Pablo II, el 18 de mayo de 1920; un Pontífice que marcó la historia de la Iglesia y de la humanidad.

Para celebrar este memorable aniversario, el Papa Francisco ha enviado un videomensaje a los jóvenes de Polonia subrayando lo mucho que amaba a la juventud el Papa polaco y recordando la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia, 2016.

A continuación compartimos el mensaje integral de Francisco:

«San Juan Pablo II fue un extraordinario regalo de Dios a la Iglesia y a Polonia, su tierra natal. Su peregrinación terrenal, que comenzó el 18 de mayo de 1920 en Wadowice y terminó hace 15 años en Roma, estuvo marcada por la pasión por la vida y la fascinación por el misterio de Dios, el mundo y el hombre.

Lo recuerdo como un grande de la misericordia: pienso en la Encíclica Dives in Misericordia, la canonización de Santa Faustina y la institución del Domingo de la Divina Misericordia. A la luz del amor misericordioso de Dios, comprendió la especificidad y la belleza de la vocación de las mujeres y los hombres; comprendió las necesidades de los niños, los jóvenes y los adultos, considerando también los condicionamientos culturales y sociales. Todo el mundo podían experimentarlo. Hoy también ustedes pueden experimentarlo, conociendo su vida y sus enseñanzas, disponibles para todos incluso gracias a Internet.

El amor y el cuidado de la familia

Todos y cada uno de ustedes, queridos chicos y chicas, llevan la huella de su familia, con sus alegrías y sus penas. El amor y el cuidado de la familia es un rasgo característico de Juan Pablo II. Su enseñanza es un punto de referencia seguro para encontrar soluciones concretas a las dificultades y desafíos de las familias de hoy (cf. Mensaje en el Covenio «Juan Pablo II, el Papa de la Familia», Roma, 30 de octubre de 2019).

Pero los problemas personales y familiares no son un obstáculo en el camino hacia la santidad y la felicidad. Tampoco lo eran para el joven Karol Wojtyła, que sufrió la pérdida de su madre, hermano y padre cuando era niño. Como estudiante, experimentó las atrocidades del nazismo, que le quitó tantos amigos. Después de la guerra, como sacerdote y obispo tuvo que enfrentarse al comunismo ateo.

Para comprendernos debemos acercarnos a Cristo

Las dificultades, incluso las más duras, son una prueba de madurez y fe; una prueba que sólo puede ser superada confiando en el poder de Cristo que murió y resucitó. Juan Pablo II lo ha recordado a toda la Iglesia desde su primera Encíclica, Redemptor hominis, donde dice: «El hombre que quiera comprenderse a sí mismo hasta el final… debe, con su inquietud e incertidumbre y también con su debilidad y pecaminosidad, con su vida y muerte, acercarse a Cristo». Debe, por así decirlo, entrar en Él con todo su ser» (n. 10).

Sean valientes como Jesús: el Señor del riesgo

Queridos jóvenes, esto es lo que deseo para cada uno de ustedes: entrar en Cristo con toda su vida. Y espero que las celebraciones del centenario del nacimiento de San Juan Pablo II inspiren en ustedes el deseo de caminar con valentía con Jesús, que es «el Señor del riesgo», es el Señor de siempre «más allá». […] El Señor, como en Pentecostés, quiere realizar uno de los mayores milagros que podemos experimentar: hacer que tus manos, mis manos, nuestras manos se conviertan en signos de reconciliación, de comunión, de creación. Él quiere tus manos – chico, chica – para seguir construyendo el mundo de hoy» (Discurso en la Vigilia de la JMJ, Cracovia, 30 de julio de 2016).

Confío a todos a la intercesión de San Juan Pablo II y los bendigo con todo mi corazón. Y ustedes, por favor, no se olviden de rezar por mí.

¡Gracias!».

Si Dios no tiene nada que ver con la pandemia, ¿por qué debería liberarnos?

Entrevistamos a los teólogos Territo, católico, y Houshmand, musulmán, sobre la iniciativa promovida por el Alto Comité de la Hermandad Humana, fuertemente alentada por el Papa y a la que se han unido los líderes de las diversas religiones del mundo.

Antonella Palermo – Ciudad del Vaticano

En la catequesis de la audiencia de ayer, centrada en el valor de la oración, el Papa Francisco nos invitó a unirnos «como hermanos al pedirle al Señor que salve a la humanidad de la pandemia, que ilumine a los científicos y sane a los enfermos». La exhortación es a disponerse en un espíritu de participación y solidaridad a la invitación del Alto Comité de Hermandad Humana para la Jornada de oración, ayuno e invocación a Dios Creador para la humanidad afectada por la pandemia.

Reconocer en la oración el valor del otro

«Hoy estamos experimentando un fruto espiritual sin precedentes de esa reunión histórica en Abu Dhabi entre el Papa Francisco y Al-Tayeb, dos hermanos, más que amigos, que firmaron el Documento sobre la Hermandad Humana para la paz mundial y la convivencia común. Dos hermanos que se preocupan por toda la humanidad». Es así como el teólogo musulmán Sharshad Houshmand Zadeh define la iniciativa del 14 de mayo. Recuerda cómo su insistente petición de reunir a todos los hombres de buena voluntad se repite en ese documento para comprender que todos somos interdependientes. Sobre este concepto clave insiste mucho: «La riqueza de la diversidad solo se puede disfrutar cuando se reconoce el valor del otro. El fundamento de cada religión es amar al prójimo».

El jesuita Luigi Territo, un erudito de teología fundamental y teología islámica, también habla de una buena iniciativa: «La oración es esencial porque podemos vivir en un mundo de fraternidad. Es a través de la luz de Dios que el extraño ya no nos aparece como un enemigo, y esto sucede de una manera incomprensible. Nos dividimos a través de la identidad, pertenencia étnica, religiosa, pero una pandemia nos recuerda que somos ante todo hombres y mujeres y en esta creación hay un proyecto de solidaridad».

Si Dios no tiene nada que ver con la pandemia, ¿por qué debería liberarnos?

Si no es Dios quien envía pandemias al mundo para castigar a la humanidad, ¿por qué debería intervenir para salvarnos de la enfermedad? El padre Territo responde a la pregunta provocativa: «Los hombres siempre estamos buscando un culpable porque esto nos salva, nos exonera. Nos volvemos a Dios para que nos enseñe cómo enfrentar esta vez. Nos volvemos a Él porque lo encontramos con nosotros en nuestra batalla diaria. Estamos en la tormenta – nos dijo claramente el Papa – y le pedimos a Jesús que despierte. Despertar no porque duerma, sino despertar en nuestros corazones, para que la ocasión dramática y dolorosa se convierta en una oportunidad para crecer en una relación íntima con el Señor. «El ayuno, la oración y la limosna son hoy una ocasión para decir: Señor, ilumina este tiempo», dice el jesuita.

El significado del ayuno y las obras de caridad

El ayuno es parte de las cinco prácticas religiosas del Islam. La profesora Houshmand lo recuerda, al igual que recuerda que el día de oración del hoy 14 de mayo cae al comienzo de la última década del Ramadán, los días más espirituales del mes sagrado, momentos de inmensa reflexión y espiritualidad. «El ayuno se logra perfectamente cuando eliminas lo superfluo, todo egoísmo y le das espacio completo a ese Dios que vive en todos los creyentes y no creyentes».

¿Pero por qué someterse a esta privación adicional, en un momento histórico ya tan doloroso? «El ayuno nos enseña a discernir nuestra hambre», dice Territo. «Nos hace responder a la pregunta ‘¿De qué se alimenta tu vida?’. Nos alimentamos de palabras, acciones, gestos, relaciones. Con el ayuno aprendemos a moderar nuestros apetitos y distinguir el hambre, la voracidad, los deseos. Y Además, el ayuno nos recuerda que un vacío vive en nosotros. Y ese vacío nos recuerda que somos personas dependientes de otra persona, es un vacío precioso que no debe llenarse de injusticia y avaricia, sino de Dios y las buenas relaciones con los demás».

Integrar la oración y el ayuno con las obras, esta es la invitación: «Nadie puede aferrarse a Dios – concluye Houshmand – solo aquellos que logran transformar sus credo en obras. La oración y el ayuno son estériles si no se llevan a cabo en servicio al el proximo».

Comienza la Semana Laudato si’: Construir juntos un mundo mejor

La semana Laudato si’, iniciativa querida por el Papa Francisco y patrocinada por el Vaticano concluirá el 24 de mayo con una Jornada Mundial de Oración.

Laudato Si’ nos dice que “todo está conectado”. En este momento extraordinario, católicos de todo el mundo nos unimos para reflexionar, rezar y prepararnos juntos por un mundo mejor. La Semana Laudato si’ (Laudato si’ Week) es parte de una campaña global con motivo del 5º aniversario de la encíclica sobre el cuidado de la casa común. El tema es «todo está conectado», y se lleva a cabo desde hoy, 16, hasta el 24 de mayo: los católicos están invitados a participar en talleres y eventos interactivos en línea, mientras que el domingo 24 de mayo al mediodía, hora local de cada país, tendrá lugar un momento mundial de oración.

¿Qué tipo de mundo queremos dejar a los que nos sucedan?

En un mensaje de video, el pasado 3 de marzo, el Papa Francisco animaba a los fieles a participar y pensar en el futuro de nuestra casa común.

«¿Qué tipo de mundo queremos dejar a los que nos sucedan, a los niños que están creciendo?» A partir de esta pregunta, el Papa renueva su urgente llamamiento para “responder a la crisis ecológica», puesto que «el clamor de la tierra y el clamor de los pobres no dan para más”. “Cuidemos la creación, don de nuestro buen Dios Creador -exhorta Francisco. Celebremos juntos la Semana de Laudato si’”.

El Dicasterio Vaticano para el Servicio del Desarrollo Humano Integral subraya que las enseñanzas de la Encíclica son particularmente relevantes en el contexto actual de la pandemia de coronavirus, que ha paralizado muchas partes del mundo. La Laudato ofrece la visión de construir un mundo más justo y sostenible.

«La pandemia – subraya don Francesco Soddu, director de Caritas Italiana – ha golpeado en todas partes y nos enseña cómo sólo con el compromiso de todos podemos levantarnos y derrotar incluso el virus del egoísmo social con los anticuerpos de la justicia, la caridad y la solidaridad. Ser constructores de un mundo más justo y sostenible, de un desarrollo humano integral que no deje a nadie atrás». «En particular – añade – esta pandemia puede ser una oportunidad para arraigar el valor de la fraternidad en nuestro futuro».

Redefinir el mundo después de la pandemia

Mientras conmemoramos la encíclica durante la Semana Laudato Si’, nuestro mundo está siendo profundamente afectado por la pandemia de coronavirus. La Semana Laudato Si’ nos ayudará a redefinir el mundo que surgirá después de que la pandemia haya pasado. La crisis actual es una oportunidad para empezar de nuevo, y para asegurarnos de que el mundo que surja después de que esta crisis haya pasado sea sostenible y justo.

Laudato si’ nos recuerda, como dijimos, que “todo está conectado” y trágicamente, esta catástrofe sanitaria tiene mucho en común con la catástrofe ecológica: el Dicasterio Vaticano recuerda que ambas son emergencias mundiales que afectarán a muchas personas, tanto directa como indirectamente, ambas son sufridas más gravemente por los pobres y vulnerables, y ambas dejan al descubierto las profundas injusticias de nuestras sociedades y ambas se resolverán sólo a través de un esfuerzo conjunto que apele a nuestros mejores valores comunitarios.

En este enlace, encontrarán una serie de recursos de los colaboradores que aportarán profundidad y vitalidad a las reflexiones en la Semana Laudato si’.

Una Iglesia humilde para una humanidad golpeada

Publicamos la última reflexión de la serie dedicada por el Padre Lombardi al futuro que nos espera después de la pandemia: ¿seremos una comunidad capaz de acompañar fraternalmente con la caridad y la bondad?

FEDERICO LOMBARDI

Al final del Gran Jubileo del año 2000, que él había vivido y nos invitaba a vivir como un gran encuentro entre la gracia de Cristo y la historia de la humanidad, Juan Pablo II escribió a la Iglesia una hermosa Carta titulada: «Al comienzo del tercer milenio», en la que resonaban las palabras de Jesús a Pedro: «Duc in altum…Navega mar adentro, y echen las redes» (Lc 5,4). El Papa invitaba a «a recordar con gratitud el pasado, a vivir con pasión el presente y a abrirnos con confianza al futuro», porque «Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y siempre «. Como sabemos, el Papa Francisco retomó y relanzó el tema hablando desde el inicio de su pontificado sobre la «Iglesia en salida», una Iglesia evangelizadora animada por el Espíritu que le fue donado por Cristo Resucitado.

En la tarde del 12 de octubre de 2012, Benedicto XVI pronunció un breve discurso desde la misma ventana desde la que 50 años antes Juan XXIII había saludado, bajo la mirada benévola de la Luna, a la multitud que se había congregado en la Plaza de San Pedro al término de la jornada de apertura del Concilio. Benedicto, con la mirada dirigida a lo alto, hizo una reflexión que impactó mucho, porque no suscitaba el deseado fácil entusiasmo, sino que -incluso en confianza- inspiraba una gran humildad, característica del final de su pontificado. Recordó cómo en los 50 años anteriores la Iglesia había experimentado el pecado, la cizaña mezclada con el trigo en el campo, la tempestad y el viento contrario. Pero también el fuego del Espíritu, el fuego de Cristo. Pero como un fuego no devorador sino humilde y silencioso, una pequeña llama que suscita carismas de bondad y caridad que iluminan el mundo y dan testimonio de su presencia entre nosotros.

Al acercarse Pentecostés, pienso en las palabras de nuestros tres papas del Tercer Milenio. En realidad, este nuevo Milenio, en el que ya llevamos entrando veinte años, no ha se ha manifestado, en su conjunto, como una época de progresos luminosos para la humanidad. Se abrió con el 11 de septiembre de 2001 y la Guerra del Golfo, luego tuvimos la gran crisis económica y la guerra mundial «por partes», la destrucción de Siria y Libia, el agravamiento de la crisis ambiental, muchos otros problemas, y ahora una pandemia mundial con sus consecuencias, una experiencia inédita que marca a este papado. Ciertamente no faltan nuevos éxitos y progresos científicos en la salud, la educación, las comunicaciones, por lo que no sería correcto precipitarse en balances negativos. Pero ciertamente no podemos hablar de un camino lineal y seguro para la humanidad hacia lo mejor. La experiencia de la pandemia, aunque se supere, es ciertamente una experiencia común de incertidumbre, de inseguridad, de dificultades para gobernar el camino cada vez más complejo de la sociedad contemporánea. No sabemos si en el futuro lo leeremos como una oportunidad para el crecimiento de la solidaridad o de nuevas tensiones internacionales e internas y desequilibrios sociales. Probablemente ambas dimensiones se mezclarán: el trigo y la cizaña.

La Iglesia de este primer milenio desde el punto de vista humano no es fuerte. Su fe es puesta a prueba por las deserciones espirituales de nuestros tiempos. Su credibilidad es puesta a prueba por la humillación y la sombra de los escándalos. La historia continúa y la Iglesia sigue aprendiendo que su única fuerza verdadera es la fe en Cristo Jesús resucitado y el don de su Espíritu. Un frágil vaso de tierra en el que está contenido el tesoro de un poder de vida que va más allá de la muerte. ¿Seremos una Iglesia humilde capaz de acompañar fraternalmente a una humanidad herida, con caridad y bondad? ¿Con una caridad tan penetrante que anime incluso a las inteligencias y fuerzas sociales a buscar y encontrar los caminos del bien común y de la vida mejor? ¿Una Iglesia del lavatorio de pies en nuestro tiempo, como dice el Papa Francisco? En alta mar, en un mar todavía y siempre desconocido para todos nosotros, pero nunca extraño para el amor de Dios…

En la maravillosa secuencia de Pentecostés invocamos el don del Espíritu como padre de los pobres y luz de los corazones, como consuelo y aliento, como fuerza que cura las faltas, las arideces, las heridas, que calienta lo que está helado, que endereza lo que está desviado. Ofrecer al Espíritu del Señor un espacio abierto de espera y deseo, un espacio concreto de mentes y corazones, de almas y carne humana, para que pueda obrar y manifestarse en el tejido profundo de nuestra humanidad -el de las guerras y las pandemias- como una potencia de salvación de la fragilidad y la soledad, de la aridez, de la confusión, de los engaños de las ilusiones y de la desesperación, como una potencia de esperanza de vida eterna. Esto bien puede hacer una Iglesia humilde, hermana, compañera y servidora de una humanidad golpeada. Y es la cosa más importante.

Cáritas América Latina: Los Estados garanticen sobrevivencia y dignidad de todos

“Uno de los grandes desafíos de la grave crisis actual que afecta globalmente a los más pobres y vulnerables, es garantizar alimentos de calidad para la población, y todos aquellos otros servicios que dan calidad de vida, como agua potable, luz eléctrica, educación y medicamentos”. Este es el llamado del presidente de Cáritas de América Latina y El Caribe, monseñor José Luis Azuaje, arzobispo de Maracaibo.

Alina Tufani-Ciudad del Vaticano

“Solidaridad ante la pandemia de Covid-19 y ante sus efectos en las economías y sociedades” se titula el comunicado de Caritas América Latina y el Caribe, dedicado a las grave situación causada por la pandemia de COVID-19  y que ha hecho evidente las consecuencias de una» estructura históricamente desigual», que segrega e impone innumerables vulnerabilidades a los pueblos latinoamericanos.

El documento con fecha de ayer, jueves 14 de mayo, revela el impacto de las medidas necesarias para la contención del contagio sobre innumerables familias que no tienen cubiertas sus necesidades básicas y tampoco tienen acceso a espacios que garanticen el ejercicio de sus derechos,  condiciones estas, que conllevan a un aumento de situaciones de conflicto.  “Observamos que la falta de información de calidad, la alta circulación de “fake news” sobre el COVID-19, el desabastecimiento, la falta de recursos económicos para la obtención de material de higiene y el insuficiente número de agentes públicos de salud y de redes de protección, coadyuvan al agravamiento de la situación de riesgo de estas poblaciones” , constata el prelado venezolano.

En este contexto, Cáritas América Latina y el Caribe reconoce el enorme esfuerzo solidario de los servidores públicos sanitarios que están en primera línea en el cuidado de las personas, incluso a riesgo de sus propias vidas, así como la activación de muchos otros servicios necesarios a las comunidades. No obstante, exhorta a los gobiernos de la región a no poner en primer lugar la salvaguarda de “algunos sectores dominantes” de las economías nacionales en detrimento del pueblo en general y de los más pobres, en particular.

“Queremos recordarles a los entes financieros y a los Estados – subraya el mensaje – que “no podemos permitirnos escribir la historia presente y futura de espaldas al sufrimiento de tantos, por lo que consideramos que es el momento que el Estado asuma una actitud solidaria y eficiente para garantizar la sobrevivencia y la dignidad de nuestros pueblos, especialmente a los más desprotegidos, a través de políticas públicas y acciones que dejen atrás negociaciones partidistas y electorales, y se enfoquen en salvaguardar como interés prioritario, la dignidad humana y el bien común”

Monseñor Azuaje recuerda que de las crisis pueden activar no sólo el afán de superarlas sino también abrir horizontes a una situación social que reclama cambios. “Aspiramos que todo no vuelva a la idéntica normalidad excluyente de antes de la pandemia, sino a nuevos diseños de propuestas económicas y políticas que sean incluyentes, solidarias, donde el centro de interés sea la vida en sus distintas esferas, especialmente el resguardo de la Casa Común, afirma.

Luego de valorar y describir el gran trabajo que la red de Cáritas de la región está realizando a 360 grados para atender y acompañar a los sectores más frágiles y vulnerables de la sociedad, el presidente de la Cáritas latinoamericana invita al “discernimiento de la realidad de cada uno de nuestros países y de la Región, para asumir aprendizajes compartidos, reflexiones innovadoras en el diseño de nuevas formas de relacionamiento y de economías sustentables, críticas al viejo modelo que ha generado pobreza, exclusión e inequidad en nuestros pueblos».

Al reiterar el compromiso de la Iglesia católica en la difíicil situación actual y poner  sus instituciones al servicio de la vida de todos los ciudadanos del continente, monseñor Azuaje concluye su mensaje pidiendo la intercesión de  María de Guadalupe y San Óscar Arnulfo Romero, “para que guíen nuestros pasos y nos permitan servir con dedicación a nuestros hermanos y hermanas desde una decidida opción por los pobres y con la esperanza que da Cristo Resucitado en este tiempo de Pascua”.

Dios no castiga ni prueba a nadie: respeta, se solidariza, ayuda…

José Luis Caravias S.J., teólogo de origen español, vive en Paraguay desde 1961. Ha escrito más de treinta libros de espiritualidad. “Esta pandemia nos exige repensar la forma en que habitamos la Casa Común, la forma en que producimos, consumimos y nos relacionamos entre nosotros y con la Naturaleza. O nos sentimos humanos, co-iguales, en la misma Casa Común, o nos hundiremos todos”.

La invasión mundial del coronavirus está haciendo resonar sirenas estridentes de alerta máxima en todos los cerebros humanos. Nunca antes el homo sapiens había sufrido algo tan universal y tan consciente. Se nos informa metódicamente de los infectados y los muertos a escala planetaria. ¡Aplastante información masiva! Y las consecuentes sobredosis de angustias y obsesiones.

Ante tantos sufrimientos y tantos miedos acumulados saltan con fuerza interrogantes hirvientes: ¿Quién es el responsable de tanto desastre? ¿Hasta dónde durará? ¿Es todo esto un castigo de Dios, como lo afirman algunos muy serios personeros religiosos?

Algunos afirman que el virus ha sido creado en laboratorios especiales. O es consecuencia de una imprudente manipulación genética. La realidad es que la pandemia nos está pisoteando a todos. Y que no sabemos cómo combatirla. Lo único que podemos hacer es aislarnos, pues el poder de contagio es imperativo. El mundo entero vive obsesionado con evitar los contagios.

No se trata de un castigo de Dios

¿Sirve la oración ante esta catástrofe mundial? Por supuesto que sí, pero aclarando a qué Dios nos dirigimos. En primer lugar, tenemos que rechazar la idea de que se trata de un castigo de Dios, al que hay que suplicar que tenga misericordia de nosotros y deje de castigarnos. Así lo predican diversos sacerdotes y movimientos religiosos fundamentalistas. Esas personas se estancaron en el Antiguo Testamento. No han llegado al Dios de Jesús, expresión máxima de la misericordia. El Dios de Jesús es siempre enteramente bueno, incapaz de desencadenar crueles castigos.

Dios no es todopoderoso fuera de los ámbitos del amor. Él no puede hacer el mal a nadie. Y esta pandemia es terrible para muchísima gente. Él no la provocó. Eso es imposible porque Dios es Amor, y el coronavirus no tiene nada de amor. Es cruel y ciego…

¿De dónde viene entonces el contagio? A ciencia cierta no lo sabemos. Pero surgen serias sospechas de que provino de una mala manipulación de la Naturaleza. Pero de ninguna forma como castigo de Dios. Yo no puedo creer en un dios capaz de castigar así a la humanidad. En ese punto soy ateo.

¿Qué papel entonces desempeña Dios ante esta pandemia? ¿Cómo se comporta?

En primer lugar, tenemos que ser conscientes de que Dios respeta a la Naturaleza que él mismo creó. Respeta las energías que él mismo le infundió. Pero si nosotros no respetamos esas energías, este pequeño planeta azul responde a sus trasgresores. Hemos destrozado la capa de ozono que nos defendía. Las selvas las estamos convirtiendo en desiertos. Los hidrocarburos, sacados de las entrañas de la Tierra, asfixian a nuestra atmósfera. Se realizan manipulaciones genéticas a la larga imposibles de controlar.

Los poderosos a toda costa quieren seguir extrayendo combustibles fósiles: petróleos y carbones. Las grandes selvas, fábricas del oxígeno que respiramos, están siendo arrasadas. La Tierra se está recalentando y los glaciares se van derritiendo… Toneladas de plásticos pudren los océanos y ahogan sus vidas. Cada vez hay menos agua potable. Millones de anónimos mueren por hambre, estadística que nunca nos pasan…

¿Hasta dónde está llegando la manipulación genética? No sólo de alimentos, sino de animales y de personas también. ¿Qué daños nos pueden causar sus fracasos? ¿En qué tipos de epidemias nos pueden meter si sus experimentos se descontrolan?

A la Madre tierra le arrancan pedazos de sus pulmones, sus intestinos y su cerebro, ¿cómo no se va a enfermar? Si no cambian los altos egoísmos de los grandes capitales, pandemias peores aún nos esperan. Sí, es para asustarse en grande, ya que los grandes egoísmos no están dispuestos a cambiar. Véase lo que sucede en los encuentros internacionales sobre el clima…

No, el culpable de la pandemia actual y de las que vendrán después, no es Dios, sino el egoísmo terrorífico de unos cuantos… Consentido y halagado por nuestras ignorancias, nuestra desunión y nuestras irresponsabilidades.  Si los humanos nos empeñamos en realizar disparates, él no nos ataja: nos respeta con pena…

Dios creó un mundo y un universo maravillosos

Dios creó autónomo a un maravilloso Universo en evolución según las energías programadas que él mismo le otorgó. El Creador es ingeniero tan genial que no tiene que estar a cada rato dando órdenes nuevas para que su Creación siga funcionando.  El mundo es sabiamente automático, relativamente autónomo. Por eso es absurdo pedirle a Dios que meta su mano en la Naturaleza y cambie por un momento algunas de sus fuerzas motrices. Que las placas tectónicas choquen entre sí y produzcan un terremoto es algo normal, y sería incoherente pedirle a Dios que mi casa, que está en la zona, no sea dañada. Lo mismo de absurdo es esperar que a mí no me tocará el coronavirus porque pongo mi confianza en Dios… ¡Si toco zonas infectadas me infectaré yo también, por más fe que presuma tener!

Dios no es un mago; no cura por magia. No está sordo, ni vive aislado; no hay que hincharle para que nos atienda. De ningún modo es cruel. Creer que esta pandemia la ha enviado Dios para castigarnos o corregirnos es fomentar el ateísmo, pues un Dios así no existe.

¿Para qué entonces sirve la fe en Dios? Para mucho. Dios no mata coronavirus, pero sí puede ayudarnos a que nosotros venzamos su invasión. La fe en Dios nos hace conscientes y solidarios. Nos hace respetar a la Naturaleza. Pulveriza el miedo y el desánimo. Ilumina las mentes de los científicos para que puedan desarrollar vacunas eficaces. Fortalece al “personal de blanco” para que se mantengan en pie, superando cansancios y desánimos; y los ilumina para que su atención cercana sea eficaz. Da esperanzas y energías a los enfermos y a sus familias. Y a los que han perdido a seres queridos, la fe los consuela aceptando que Dios recibe a sus difuntos y les otorga la plenitud de su ser.

Jesús afirma que él sufre con los que sufren

Jesús está hoy íntimamente cerca de las víctimas del coronavirus. Ser consciente de ello es muy importante. Y espera que los no infectados sepamos atender con cariño y eficacia a toda persona enferma, viendo en ella al mismo Jesús.

O abrimos los ojos, y cambiamos de mentalidad y de conducta, o las grandes mayorías de humanos cada vez sufriremos peores pandemias. Dios se nos ofrece para poder construir juntos un mundo nuevo… Él no es terror, sino solidaridad.

Hoy honramos a Dios quedándonos en nuestras casas, evitando así que este virus, tan sutil, pueda pasar de unas personas a otras. Dios no quiere que nos infectemos, pero necesita que seamos responsables evitando todo tipo de contagio. Hoy honramos a Dios lavándonos a fondo las manos…

Esta pandemia nos exige repensar la forma en que habitamos la Casa Común, la forma en que producimos, consumimos y nos relacionamos entre nosotros y con la Naturaleza. O nos sentimos humanos, co-iguales, en la misma Casa Común, o nos hundiremos todos.

CMI. Mensaje de Pentecostés: Que el Espíritu Santo renueve la faz de la tierra

En un mensaje de Pentecostés, los presidentes regionales del Consejo Mundial de Iglesias reflexionan sobre la poderosa presencia de Dios en este tiempo de pandemia.

María Cecilia Mutual – Ciudad del Vaticano

«La iglesia nació en medio del tumulto, y aun así, emergió del caos con un mensaje poderoso y, sin duda, transformador, que es relevante en todas las culturas y contextos»: lo escriben en el mensaje de Pentecostés, los presidentes del Consejo Mundial de Iglesias este 12 de mayo, asegurando que «como en el primer Pentecostés, así ha de ser otra vez hoy».

De manera similar, aunque hoy “el nuevo coronavirus ha puesto al mundo entero en jaque, ha sembrado el pánico y el caos, ha enfermado a millones de personas y ha matado a cientos de miles”, causando “importantes estragos en las economías” y trastornando la vida comunitaria y sorteando “los más sofisticados sistemas sanitarios mundiales y locales”, “los cristianos, – asegura el mensaje – estamos vinculados entre nosotros y con los primeros discípulos para proclamar, como hicieron ellos, que el Dios de vida aún está con nosotros”.

“Espíritu nos infunde el valor para hacer frente al dolor y al sufrimiento. El Espíritu nos hace capaces de afrontar y superar este virus a través de una generosa cooperación, con nuestra mejor asistencia médica y pastoral, y, sobre todo, con amabilidad amorosa para todos los hijos de Dios”

Los presidentes del CMI concluyen el mensaje afirmando que “el Espíritu de Dios también es pan-demos. Llega a todas las personas y cruza todas las barreras, aunque de una forma que infunde vida, no muerte”. De ahí la invitación a rezar en este Pentecostés “para que la lucha contra esta pandemia derrame las energías del Espíritu sobre todo el pueblo de Dios y renueve, no solo la iglesia, sino la faz de la Tierra”.

14 de mayo 2020: creyentes de todo el mundo rezan a Dios por el fin de la pandemia

Será un día de oración y ayuno en el que todos los creyentes del mundo, independientemente de su religión, se unirán para pedir a Dios Creador que proteja a la humanidad afectada por la pandemia del coronavirus. Se trata de una iniciativa promovida por el Alto Comité para la Hermandad Humana y a la que se une el Papa Francisco y Vatican News.

Ciudad del Vaticano

El Alto Comité para la Fraternidad Humana invita a participar este 14 de mayo a todos los creyentes del mundo, independientemente de la religión que profesen, en una Jornada de oración, ayuno y súplica pidiendo a Dios que proteja a la humanidad contra el coronavirus.

De esta manera, el Comité establecido el pasado mes de agosto con el fin de lograr los objetivos del «Documento sobre la Fraternidad Humana» firmado el 4 de febrero de 2019 por el Papa Francisco y el gran Imán de Al-Azhar, Ahmed al-Tayyeb; anima a todos los líderes religiosos y creyentes a unirse en una súplica común para invocar, con una sola voz, la ayuda de Dios para que preserve la humanidad, «la ayude a superar la pandemia, le restituya la seguridad, la estabilidad, la salud y la prosperidad, y haga que nuestro mundo, una vez eliminada esta pandemia, sea «más humano y más fraterno».

El Santo Padre se une a la oración del 14 de mayo

El Papa Francisco también se unió a la iniciativa del Alto Comité para la Fraternidad Humana con este mensaje pronunciado el domingo 3 de mayo, a la hora del rezo del Regina Coeli en streaming desde la Biblioteca Apostólica del Vaticano.

“Y como la oración es un valor universal, he aceptado la propuesta del Alto Comité para la Fraternidad Humana de que el próximo 14 de mayo, los creyentes de todas las religiones se unan espiritualmente en un día de oración, ayuno y obras de caridad, para implorar a Dios que ayude a la humanidad a superar la pandemia del coronavirus. Recuerden: el 14 de mayo, todos los creyentes juntos, creyentes de diferentes tradiciones, para rezar, ayunar y hacer obras de caridad”

Por su parte, el Presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, el cardenal Miguel Ángel Ayuso Guixot, comentando la disposición del Papa a aceptar la propuesta del Alto Comité, señaló que esta pandemia es una oportunidad para arraigar el valor de la fraternidad y la coexistencia común en nuestro futuro.

“Es bueno que a partir de la fe de los líderes religiosos, a través de los grupos y los responsables de la vida social y política, haya un momento de oración y solidaridad para invocar el fin de esta pandemia”

Video de Vatican News

Y con el fin de promover esta Jornada de Oración, Vatican News ha elaborado un video internacional que compartimos en la portada de este artículo, en el que varias personas de diferentes edades y países lanzan un mensaje de esperanza uniéndose a esta Jornada de oración que en las Redes Sociales se difunde con el hashtag #PrayForHumanity

El Papa reza por los sin trabajo. El Espíritu hace crecer la comprensión de la fe

Este 11 de mayo, en la Misa en la Casa Santa Marta, el Santo Padre rezó por todos aquellos que sufren porque perdieron sus trabajos durante este período y recordó el aniversario del hallazgo del cuerpo de San Timoteo en la Catedral de Termoli, Italia. En su homilía, el Pontífice dijo que el Espíritu Santo nos ayuda a comprender cada vez más lo que Jesús nos enseñó: la doctrina no es estática, sino que crece en la misma dirección.

Vatican News

En la Misa matutina celebrada – y transmitida en vivo – en la Capilla de la Casa Santa Marta, este Lunes de la V Semana de Pascua, el Papa Francisco recordó el 75º aniversario del hallazgo del cuerpo de San Timoteo en la cripta de la Catedral de Termoli, Italia, durante los trabajos de restauración de 1945, y dirigió su oración a todas las personas que en este periodo han perdido su trabajo:

“Nos unimos a los fieles de Termoli, hoy en la fiesta del hallazgo del cuerpo de San Timoteo. En estos días mucha gente ha perdido su trabajo; no fueron contratados de nuevo, trabajaban ilegalmente… Oremos por estos hermanos y hermanas nuestros que sufren esta falta de trabajo”.

El Espíritu Santo don de Dios

En su homilía el Papa Francisco comentando el Evangelio de hoy (Jn 14, 21-26) en el que Jesús anuncia a sus discípulos que les enviará al Paráclito, el Espíritu Santo que el Padre enviará en su nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que Él les ha dicho. «Es la promesa del Espíritu Santo – dijo el Papa – el Espíritu Santo que habita en nosotros y que el Padre y el Hijo envían» para «acompañarnos en la vida». Se llama Paráclito, es decir, el que «sostiene, el que acompaña para no caer, que te mantiene firme, que está cerca de ti para sostenerte». Y el Señor nos ha prometido este apoyo, que es Dios como Él: Él es el Espíritu Santo.

¿Qué hace el Espíritu Santo en nosotros? El Señor lo dice: «Él te enseñará todo y te recordará todo lo que les he dicho. Enseña y recuerda. Este es el oficio del Espíritu Santo. Nos enseña: nos enseña el misterio de la fe, nos enseña a entrar en el misterio, a comprender un poco más el misterio, nos enseña la doctrina de Jesús y nos enseña a desarrollar nuestra fe sin cometer errores, porque la doctrina crece, pero siempre en la misma dirección: crece en comprensión. Y el Espíritu nos ayuda a crecer en la comprensión de la fe, a entenderla más y a ir más allá para entender lo que dice la fe. La fe no es algo estático; la doctrina no es algo estático: crece» siempre, pero crece «en la misma dirección». Y el Espíritu Santo impide que la doctrina se equivoque, impide que se quede quieta allí, sin crecer en nosotros. Nos enseñará las cosas que Jesús nos enseñó, desarrollará en nosotros la comprensión de lo que Jesús nos enseñó, hará crecer en nosotros la doctrina del Señor, hasta la madurez».

Y otra cosa que hace el Espíritu Santo, es recordar: «Él les recordará todo lo que les he dicho. «El Espíritu Santo es como la memoria, nos despierta, nos mantiene siempre despiertos «en las cosas del Señor» y también nos hace recordar nuestra vida, cuando nos encontramos con el Señor o cuando lo dejamos.

El Papa recordó a una persona que rezó ante el Señor así: «Señor, soy el mismo que de niño, de joven, tuvo estos sueños. Entonces, fui por los caminos equivocados. Ahora me has llamado». Esto – dijo el Pontífice – es el recuerdo del Espíritu Santo en la vida de uno. Te lleva a la memoria de la salvación, a la memoria de lo que Jesús te enseñó, pero también a la memoria de tu propia vida. Esto – continuó el Papa – es una hermosa forma de rezar al Señor: «Yo soy el mismo. He caminado mucho, he cometido muchos errores, pero soy el mismo y tú me amas».  Es «la memoria del camino de la vida».

«Y en este recuerdo, el Espíritu Santo nos guía; nos guía para discernir, para discernir lo que debo hacer ahora, cuál es el camino correcto y cuál el equivocado, incluso en las pequeñas decisiones. Si pedimos luz al Espíritu Santo, nos ayudará a discernir para tomar las decisiones correctas, las pequeñas decisiones de cada día y las más grandes». El Espíritu «nos acompaña, nos sostiene en el discernimiento», «nos enseñará todo, es decir, hace crecer la fe, nos introduce en el misterio, el Espíritu que nos recuerda: nos recuerda la fe, nos recuerda nuestra propia vida y el Espíritu que en esta enseñanza, en esta memoria, nos enseña a discernir las decisiones que debemos tomar. Y a esto los Evangelios le dan un nombre al Espíritu Santo: sí, Paráclito, porque te sostiene, pero otro nombre más hermoso: es el Don de Dios. El Espíritu es el don de Dios. El Espíritu es precisamente el Don: «No te dejaré solo, te enviaré un Paráclito que te sostendrá» y nos ayudará a avanzar, a recordar, a discernir y a crecer. El don de Dios es el Espíritu Santo.

“Que el Señor – es la oración conclusiva del Papa Francisco – nos ayude a mantener este don que nos dio en el Bautismo y que todos tenemos dentro de nosotros”.

La comunión espiritual, adoración y bendición Eucarística

Finalmente, el Papa terminó la celebración con la adoración y la bendición Eucarística, invitando a todos a realizar la comunión espiritual con esta oración:

“Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Pero como ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno todo a Ti. No permitas, Señor, que jamás me separe de Ti. Amén”.

Antes de salir de la Capilla dedicada al Espíritu Santo, se entonó la antífona mariana que se canta en el tiempo pascual, el Regina Coeli.

Regína caeli laetáre, allelúia.
Quia quem merúisti portáre, allelúia.
Resurréxit, sicut dixit, allelúia.
Ora pro nobis Deum, allelúia.

Mensaje del presidente del Celam a las madres de Latinoamérica

El presidente del Celam, Mons. Miguel Cabrejos envió un mensaje a todas las madres de América Latina, en su día, hoy, 10 de mayo, día de la Madre.

madres de América Latina, en su día, hoy, 10 de mayo, día de la Madre.

Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano

“Estamos en el mes de mayo, mes que dedicamos especialmente a nuestra Madre la Virgen María y, en el segundo domingo de este mes celebramos el día de la madre. Jesús antes de morir, desde la cruz nos entregó a su Madre, pero no para cuidar de ella, sino que es ella quien cuida de nosotros, está atenta a nuestras necesidades, como lo estuvo cuando fue a visitar a Isabel que siendo anciana iba a dar a luz y no tenía quien la ayude, allí va María presurosa por las montañas de Judá (Cf. Lc 1,39-45)”.

Una madre hace de todo para cuidar a sus hijos, dijo en su saludo el prelado, no le importa gastar y desgastar su vida para sacar adelante a sus hijos, ella pueda dejar de comer, dormir, nunca está cansada para atenderlos y no espera recompensa. Ella es feliz viendo que sus hijos son felices y sufre tanto cuando ellos van por un mal camino. Y en estos momentos difíciles que estamos pasando con la pandemia, el prelado dirigió su pensamiento a cada una de las madres de América Latina y El Caribe, para decirles que las acompaña con sus oraciones. Que con fe y esperanza sigan compartiendo el amor con sus hijos, pues, dijo, son ustedes, con la ayuda de Dios y de María Virgen, la luz y el calor de sus hogares.

América Latina se une el 14 de mayo a la Jornada de oración de ayuno

El próximo 14 de mayo, el Alto Comité para la Fraternidad Humana realizará una jornada de oración, ayuno y obras de caridad, implorando al Padre y Señor de la Vida «ayude a la humanidad a superar la pandemia del coronavirus».

Por ello, el CELAM haciendo eco de la invitación del Santo Padre, pide a todos los Obispos de América Latina y El Caribe, a unirnos en este clamor global por la humanidad. Como bien lo ha dicho el Papa Francisco: «Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente» (Papa Francisco, Bendición Extraordinaria Urbi et Orbi, Ciudad del Vaticano, marzo 27 de 2020).

Invoquemos al Dios Creador, se lee en una nota del presidente del Celam, Mons. Miguel Cabrejos y del secretario general del Celam, Mons Juan Carlos Cárdenal, que inspire a la ciencia para que pronto se encuentre la cura a este mal, a fin de restablecer la salud y el desarrollo, de tal forma, que juntos construyamos una civilización más humana y fraterna. Aprovechamos la ocasión para expresarles nuestra cercanía y oración, particularmente por quienes están sufriendo la inclemencia del COVID -19, y los encomendamos a la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, Madre y Emperatriz de América Latina, Nuestra Señora de Guadalupe.

La iniciativa de la Iglesia: «Pacto de Solidaridad: Hambre cero», adoptado por el Acuerdo Nacional

El pasado 8 de mayo, en una reunión virtual del Acuerdo Nacional integrado por , diversos representantes del Gobierno, de la sociedad civil, del sector empresarial, así como de los  Partidos  Políticos, y la Iglesia, consideraron “como  urgente y  necesaria  la propuesta de la Conferencia Episcopal Peruana  para adoptar  un «Pacto de Solidaridad: Hambre cero», con el fin de prestar suma atención a la persona humana y a la familia, en este momento donde miles de peruanos han perdido sus empleos, o se han visto obligados a regresar a sus lugares de origen, a consecuencia de la pandemia del COVID-19”.

Durante la reunión, se lee en la nota de prensa, el Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana y Presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), Monseñor Miguel Cabrejos, junto con Mons. Norberto Strottman, sostuvieron que a pesar que en este tiempo de emergencia, la preocupación por el tema económico torna un lugar expectante, sin embargo, en este tiempo de crisis la situación de la persona como ser humano, se vuelve la prioridad número uno.

Al final de la reunión, la conclusión del Acuerdo Nacional fue proponer a la ciudadanía la necesidad del Pacto, con el fin de evitar que nadie sufra y nadie pase hambre. Y reafirmar el principio de que sin salud no hay economía que sobreviva y que sin economía no hay sistema de salud que dure. Por ese motivo, se busca que este Pacto logre el equilibrio entre ambas necesidades. Y que la reactivación se base no solo en subsidios económicos, sino principalmente en la implementación de puestos de trabajo permanente, pues miles de peruanos ya han perdido su empleo a consecuencia de la crisis.