En la Amazonia, al lado de los indígenas, escuchar la voz de Dios

Las hermanas Lauritas, llegaron al Ecuador hace casi 70 años. Actualmente están en varios lugares de este país, entre ellos la ciudad de Pompeya, provincia de Orellana, a las orillas del río Napo, en la Amazonía ecuatoriana. Entrevista con la hermana Marlene Cachipuendo.

ManuelCubías – Ciudad del Vaticano

Seguir a Jesús desde la particularidad del carisma de la congregación Misioneras de María Inmaculada, impulsa la misión de llevar el Evangelio entre las comunidades Kichuas, Napo-Runas y Huaoranis. En este contexto, la hermana Marlene Cachipuendo subraya la importancia de ser una Iglesia inculturada que valore el diálogo con las comunidades y culturas de este territorio.

En esta región del mundo, las comunidades indígenas dependen fundamentalmente de actividades como la caza y pesca, el trabajo agrícola, y últimamente, algunos emprendimientos turísticos.

Bajos salarios para comunidades trabajadoras

Preguntamos a la hermana Marlene cuál es la realidad laboral en la Amazonia ecuatoriana. Respondió que los indígenas son personas muy trabajadoras, “tienen sus trabajos dignos, en sus chacras, cultivando frutos silvestres, pescando, cazando, para subsistir. Es grandioso este trabajo, de allí el valor que le dan a la madre tierra quien da sin cobrar dinero. Trabajan hombres y mujeres, juntos, iguales”.

También, insistió, existe el trabajo comunitario, que les beneficia a todos, se trata de las ‘mingas’. Son ocasiones que les permiten compartir lo que tienen, incluyendo la necesidad colectiva. Son momentos en que no existe la desigualdad porque todos están en las mismas condiciones”.

Mujer, familia y trabajo

Las mujeres indígenas de estas comunidades participan de una amplia gama de actividades laborales: “Están al lado de su esposo y lo anima, así como participa de emprendimientos turísticos. Pero, el problema es que los trabajos que realizan no son suficientes para generar ahorro, pero, sí son una oportunidad para mantenerse. Los trabajos que realizan solo dan para poder sobrevivir y comer”, dijo la religiosa Laurita.

Muchos indígenas comercializan parte de los productos, pero, estos no son bien pagados. Los compradores no valoran el trabajo agrícola hecho por los indígenas. Lo poco que obtienen es para sobrevivir. ¡Porque están en un tipo de vida diferente son capaces de sobrevivir!, afirmó la religiosa.

Petróleo, minería y turismo. Poco queda en el territorio

Las empresas petroleras y mineras entraron en la región hace varias décadas. Algunas emplean habitantes de la región, sin embargo, el salario que reciben no es suficiente para solventar sus necesidades personales y familiares. “La gente tiene la necesidad de tener un salario digno, sobre todo para atender a su familia en cuanto a la educación, salud, vestido, vivienda, y otras necesidades. Como no pueden tener un trabajo propio, ingresan en esas empresas con un salario básico, mínimo. Al ser del territorio, no reciben una atención adecuada de parte de las instituciones y de las autoridades de gobierno. Más bien es lo contrario”, afirmó la hermana Marlene.

Covid-19 y volver a los orígenes

La hermana Marlene cuenta cuáles han sido sus vivencias durante este tiempo de confinamiento: “Las tres primeras semanas de la cuarentena la gente estaba tranquila. Volvieron a las actividades de caza y pesca, como de recolección de frutos silvestres, así aprovechamos lo que la madre tierra nos da. Fue una verdadera bendición de Dios. Ecuador pasa por momentos súper duros, no cuenta con lo necesario para enfrentar la pandemia. Además del golpe de la pandemia, hubo el derrame de petróleo el día 7 de abril. El río Napo quedó contaminado por más de diez días. ¡Ese sí que fue el desastre! La compañía Petroecuador está cubriendo con un poco de agua. La población toma agua del río y cuando llueve, de la lluvia. Es terrible lo que nos ha tocado es muy difícil. Nosotras las misioneras del vicariato estamos para gestionar e informar y ver lo que se puede hacer”.

El Covid-19 ya llegó a estas comunidades, afirmó, “tenemos un caso confirmado. Estamos coordinando para buscar ayuda, y no es fácil porque son muchas comunidades”.

Cuarentena. Silencio para caminar hacia un mayor compromiso

Para la religiosa Laurita, este tiempo de cuarentena le ha permitido tener un poco de tiempo para dedicarlo a la reflexión, a la oración y a la planificación de lo que puede venir después: “En este lugar de misión me siento feliz por acompañar de cerca a las comunidades Kichwa y Huaorani, porque he podido estar más de cerca a ellos. Con la pandemia tengo dos sentimientos, uno el de darle gracias a Dios por lo que he podido vivir, porque me ha permitido estar quieta, tranquila. Haciendo cosas que no había hecho antes: preparando la tierra para sembrar, cuidando los animalitos, preparando materiales para la misión con más quietud, silencio, cosechando productos de la madre tierra, saliendo de pesca, teniendo tiempo para la oración y la contemplación. He sentido la presencia de Dios y más aún, he pasado una Semana Santa inolvidable y espero que esta experiencia me dure por un buen tiempo. Me siento recargada para salir al encuentro de mis hermanos Kichwa y Huaorani en quienes pienso mucho y por quienes oramos en comunidad”.

Escuchar a Dios y al corazón

Marlene insistió en que los retos son muchos: “Primero, que la vida debe cambiar, personalmente debo servir mejor sin abarcar tanto, pero hacer bien lo poco que hagamos. Valorar la vida de las comunidades, incentivar el amor a la madre tierra, a la producción, a la caza, la pesca y su sistema de vida. Proteger a la madre tierra. Este sistema que viven las comunidades es una alternativa a lo que nos sucede hoy”.

En segundo lugar, “Acompañar a las comunidades fortaleciendo los valores propios de su identidad cultural. Luchar contra la lógica de las empresas que vienen a sembrar antivalores. y reclamar sus justos derechos para que ellos puedan cubrir sus necesidades básicas de salud, educación y que sean justas con la población. El reto está en que se pueda ir haciendo una educación integral para responder a los emprendimientos que se deben realizar para proyectarse a un futuro, pensando que estas empresas no van a estar siempre. También animamos a la gente para que no deje sus lugares, estos paraísos donde se puede conseguir de todo para vivir y reclamar lo justo a todos aquellos que están involucrados en la vida de las comunidades”.

Acompañar desde la fe y la esperanza en Jesús

La religiosa es consciente de que quedan muchos retos, sin embargo, el principal es acompañar, a la luz de la palabra de Dios, desde nuestra fe en Jesús resucitado, el caminar de estos pueblos.

Ella recuerda que “Las comunidades Huaorani están distantes de aquí de Pompeya. Les llamaba para saber cómo estaban. Me contaron que se habían dedicado a la pesca y a la caza. Las empresas donde trabajaban, mandaron a todos a la casa. Lo que quedó es el trabajo que siempre han hecho y gracias a eso están viviendo, ahora ese trabajo tiene más importancia y más valor. Las comunidades Kichwa y Huaorani muestran una vez más que la madre tierra puede darnos de todo en este tiempo de pandemia. Yupaychani (gracias en kichwa)

 

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