Covid19. Los riesgos más graves para las zonas rurales

 

A nivel internacional se discute mucho sobre la desaceleración económica como resultado del Covid-19. En particular, hay una seria alarma sobre la subsistencia de las personas más vulnerables de la Tierra: los agricultores. A partir de hoy se ha activado un nuevo fondo del Fida (The International Fund for Agricultural Development) para este fin: entrevista con uno de los líderes del organismo de las Naciones Unidas, Paolo Silveri.

Fausta Speranza – Ciudad del Vaticano

Alrededor del 80% de las personas más pobres del mundo y que corren el riesgo de padecer inseguridad alimentaria, viven en zonas rurales. Incluso antes del brote de la pandemia, más de 820 millones de personas pasaban hambre cada día. Hoy en día, el impacto económico mundial del coronavirus podría reducir a otros 500 millones de personas a la pobreza. El Fida ya ha recibido solicitudes urgentes de ayuda de gobiernos de más de 65 países: están en peligro la prosperidad, la estabilidad mundial y todos los progresos realizados en los últimos años en la reducción de la pobreza.

La complicación del transporte

Debido a las restricciones de movilidad, impuestas para contener la propagación de la enfermedad, muchos pequeños agricultores no pueden llegar a los mercados para vender sus productos o comprar las herramientas necesarias, como semillas o fertilizantes. El cierre de las principales rutas de transporte comercial y las prohibiciones de exportación afectan negativamente a los sistemas agroalimentarios. Cadenas de producción enteras corren el riesgo de ser interrumpidas.  Entre los grupos más vulnerables se encuentran los trabajadores y los que trabajan en empresas pequeñas o informales, y muy a menudo son mujeres y  jóvenes.

Además, el regreso de los trabajadores de las ciudades donde se han cerrado las actividades económicas y comerciales es una carga adicional para las familias de las zonas rurales, que también dejarán de recibir las remesas que tanto necesitan.  Para evitar daños graves a las economías rurales, es esencial asegurar que la agricultura, las cadenas alimentarias, los mercados y el comercio sigan funcionando, como explica Paolo Silveri, responsable del Ifad en América Latina y el Caribe.

El compromiso renovado del Fida

El Servicio de apoyo a los pobres de las zonas rurales contra el Covid-19, asignado por el Fida (Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola de las Naciones Unidas) y abierto a múltiples donantes, tiene por objeto mitigar los efectos de la pandemia en la producción de alimentos, el acceso a los mercados y el empleo en las zonas rurales. Su objetivo, dijo Silveri, es asegurar a los agricultores de los países más vulnerables una participación oportuna en los insumos, la información, los mercados y la liquidez.

Pero además de su propia contribución, Ifad tiene la intención de recaudar al menos otros 200 millones de dólares de los Estados Miembros, fundaciones y el sector privado. Por otra parte, señaló el funcionario, no se puede olvidar que invertir más en el desarrollo rural es una de las condiciones esenciales para pensar en el logro del segundo Objetivo de Desarrollo del Milenio: la erradicación del hambre. Pero una respuesta oportuna a la pandemia también puede ser una oportunidad para repensar y reconstruir los sistemas alimentarios del mundo sobre una base más sostenible e inclusiva.

Objetivos y prioridades

El objetivo principal en esta etapa es evitar que la emergencia sanitaria en todo el mundo se convierta en una crisis alimentaria. Hay que recordar que la mayoría de las personas más pobres de la Tierra ya sufrían las consecuencias del cambio climático antes de la pandemia, así como la proliferación de conflictos en los últimos años. Y no se trata de una alarma que sólo afecta a los pobres, porque una recesión económica en las zonas rurales podría generar más hambre y una mayor inestabilidad en los países frágiles con repercusiones para los países vecinos.

En particular, afirmó por último, Silveri, el Instrumento de apoyo a los pobres de las zonas rurales de Ifad identifica líneas precisas de intervención. En primer lugar, se trata de proporcionar a los pequeños agricultores los insumos necesarios para el cultivo de los campos, la cría y la pesca, para que puedan hacer frente a los efectos inmediatos de la crisis económica. Al mismo tiempo, se trata de facilitar el acceso a los mercados para ayudar a los pequeños agricultores a vender sus productos a pesar de las restricciones de viaje, ofreciendo apoyo logístico y posibilidades de almacenamiento. Para ello es necesario garantizar los fondos y, por lo tanto, suspender los préstamos a fin de mantener los servicios, los mercados y los puestos de trabajo para los pobres de las zonas rurales. También hay un aspecto tecnológico: existe una necesidad urgente de utilizar los servicios digitales para compartir información esencial sobre la producción, el clima, las finanzas y los mercados.


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