Ecuador: La Iglesia en Guayaquil ante una situación “calamitosa”

Un misionero comboniano relata que la emergencia ha desbordado la capacidad de reacción de toda la sociedad. Mientras los difuntos se acumulan en las calles, crece el hambre y en los sectores más vulnerables es prácticamente imposible guardar una cuarentena.

Vatican News

Calamitosa. Así califica la realidad de Guayaquil el padre José Barranco, misionero comboniano radicado en Ecuador, la nación latinoamericana más azolado hasta ahora por las consecuencias del coronavirus. En dicha ciudad portuaria de 2,3 millones de habitantes se concentra casi la mitad de los más de 2700 casos positivos de Covid-19 de todo el país, lo que ha desencadenado una emergencia sanitaria por partida doble. Primero, porque el sistema de atención de salud está colapsado, pero también porque los difuntos, con o sin ataúd, se han acumulado en casas y calles a la espera de ser retirados para su sepultura.

Este viernes el Presidente de la República, Lenin Moreno, informó que se están recogiendo alrededor de 150 difuntos diarios de domicilios y lugares públicos, pero aún así no dan abasto. Las morgues están colapsadas y en todo el país “más de cien funerarias se han negado a atender, porque no se sienten seguros en ese trabajo”, detalla desde Quito, la capital, este sacerdote y director de la Radio Católica Nacional. “La situación en todo el país es muy dura, pero en Guayaquil es calamitosa”, sentencia.

Según el religioso, el sistema sanitario no da abasto porque faltan instrumentos médicos y el personal, como doctores y enfermeras, está trabajando hasta 16 horas diarias cumpliendo doble jornada. Y si bien reconoce que la magnitud del foco de contagio responde a que la población no hizo caso a las indicaciones del gobierno de quedarse en casa, aclara que en los amplios sectores de pobreza de Guayaquil es muy difícil que la gente haga cuarentena. Allí, “la casa es solo una habitación, a veces de caña, donde cohabitan tres, cuatro y hasta cinco personas, y con escasez de alimento. ¿Qué pueden hacer? A veces, acostarse y estar allí todos juntos, pero la situación es muy difícil”, advierte.

El escenario es dramático, porque como detalla Barranco, hay “hambre, falta de instrumentos médicos y un gobierno que intenta hacer lo mejor que puede, militares, policías, servicio médico, la Iglesia, están todos intentando responder lo mejor que pueden, pero no se alcanza”.

La presencia de la Iglesia

La Iglesia católica ha concentrado sus esfuerzos tanto a nivel solidario como espiritual. El Hospital Dispensario Madre Berenice, de la red asistencial de la Arquidiócesis de Guayaquil, aunque no tiene capacidad para atender pacientes de Covid-19, está recibiendo a enfermos derivados de otras patologías, con lo que colabora a descomprimir el sistema de salud. Además, están prestando orientación médica de manera remota por medio de un servicio telefónico.

Las parroquias, además, están asociadas al programa gubernamental “Unidos alimentamos más personas”, actuando como centros de acopio y distribución de raciones de comida en momentos en que el hambre se deja sentir. El padre Barranco destaca que las comunidades eclesiales inspiran confianza para muchas personas que quieren hacer donaciones para ir en ayuda de los más necesitados.

Esas mismas parroquias también nutren la vida espiritual de las personas y, como en muchos lugares del mundo, están sosteniendo la vida litúrgica y de oración por medio de transmisiones a través de internet y otros medios de comunicación. Acciones concretas que, según el misionero comboniano, pretenden “sembrar fe y esperanza”.

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