Francisco a los jóvenes polacos: «Juan Pablo II los inspire a caminar con Jesús»

«Espero que las celebraciones del centenario del nacimiento de San Juan Pablo II inspiren en ustedes el deseo de caminar con valentía con Jesús, que es «el Señor del riesgo», es el Señor del siempre «más allá»», dice Francisco en su videomensaje subrayando lo mucho que amaba a la juventud el Papa polaco y recordando la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia, 2016.

Ciudad del Vaticano

Se cumplen 100 años del nacimiento de San Juan Pablo II, el 18 de mayo de 1920; un Pontífice que marcó la historia de la Iglesia y de la humanidad.

Para celebrar este memorable aniversario, el Papa Francisco ha enviado un videomensaje a los jóvenes de Polonia subrayando lo mucho que amaba a la juventud el Papa polaco y recordando la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia, 2016.

A continuación compartimos el mensaje integral de Francisco:

«San Juan Pablo II fue un extraordinario regalo de Dios a la Iglesia y a Polonia, su tierra natal. Su peregrinación terrenal, que comenzó el 18 de mayo de 1920 en Wadowice y terminó hace 15 años en Roma, estuvo marcada por la pasión por la vida y la fascinación por el misterio de Dios, el mundo y el hombre.

Lo recuerdo como un grande de la misericordia: pienso en la Encíclica Dives in Misericordia, la canonización de Santa Faustina y la institución del Domingo de la Divina Misericordia. A la luz del amor misericordioso de Dios, comprendió la especificidad y la belleza de la vocación de las mujeres y los hombres; comprendió las necesidades de los niños, los jóvenes y los adultos, considerando también los condicionamientos culturales y sociales. Todo el mundo podían experimentarlo. Hoy también ustedes pueden experimentarlo, conociendo su vida y sus enseñanzas, disponibles para todos incluso gracias a Internet.

El amor y el cuidado de la familia

Todos y cada uno de ustedes, queridos chicos y chicas, llevan la huella de su familia, con sus alegrías y sus penas. El amor y el cuidado de la familia es un rasgo característico de Juan Pablo II. Su enseñanza es un punto de referencia seguro para encontrar soluciones concretas a las dificultades y desafíos de las familias de hoy (cf. Mensaje en el Covenio «Juan Pablo II, el Papa de la Familia», Roma, 30 de octubre de 2019).

Pero los problemas personales y familiares no son un obstáculo en el camino hacia la santidad y la felicidad. Tampoco lo eran para el joven Karol Wojtyła, que sufrió la pérdida de su madre, hermano y padre cuando era niño. Como estudiante, experimentó las atrocidades del nazismo, que le quitó tantos amigos. Después de la guerra, como sacerdote y obispo tuvo que enfrentarse al comunismo ateo.

Para comprendernos debemos acercarnos a Cristo

Las dificultades, incluso las más duras, son una prueba de madurez y fe; una prueba que sólo puede ser superada confiando en el poder de Cristo que murió y resucitó. Juan Pablo II lo ha recordado a toda la Iglesia desde su primera Encíclica, Redemptor hominis, donde dice: «El hombre que quiera comprenderse a sí mismo hasta el final… debe, con su inquietud e incertidumbre y también con su debilidad y pecaminosidad, con su vida y muerte, acercarse a Cristo». Debe, por así decirlo, entrar en Él con todo su ser» (n. 10).

Sean valientes como Jesús: el Señor del riesgo

Queridos jóvenes, esto es lo que deseo para cada uno de ustedes: entrar en Cristo con toda su vida. Y espero que las celebraciones del centenario del nacimiento de San Juan Pablo II inspiren en ustedes el deseo de caminar con valentía con Jesús, que es «el Señor del riesgo», es el Señor de siempre «más allá». […] El Señor, como en Pentecostés, quiere realizar uno de los mayores milagros que podemos experimentar: hacer que tus manos, mis manos, nuestras manos se conviertan en signos de reconciliación, de comunión, de creación. Él quiere tus manos – chico, chica – para seguir construyendo el mundo de hoy» (Discurso en la Vigilia de la JMJ, Cracovia, 30 de julio de 2016).

Confío a todos a la intercesión de San Juan Pablo II y los bendigo con todo mi corazón. Y ustedes, por favor, no se olviden de rezar por mí.

¡Gracias!».

Miércoles de la 6° semana de Pascua

LECTURA DEL DÍA

Lectura del Libro de los Hechos de los Apostoles
Hch 16, 22-34

En aquellos días, la gente de la ciudad de Filipos se alborotó contra Pablo y Silas, y los magistrados ordenaron que los desnudaran y los azotaran. Después de azotarlos mucho, los metieron en la cárcel y le ordenaron al carcelero que los vigilara bien. Siguiendo esta orden, él los metió en el calabozo de más adentro y les aseguró los pies en el cepo.

A eso de la medianoche, Pablo y Silas estaban en oración, cantando himnos al Señor, y los otros presos los escuchaban. De pronto sobrevino un temblor tan violento, que se sacudieron los cimientos de la cárcel, las puertas se abrieron de golpe y a todos se les soltaron las cadenas.

El carcelero se despertó, y al ver las puertas de la cárcel abiertas de par en par, pensó que los presos se habían fugado y sacó su espada para matarse. Pero entonces Pablo le gritó: “No te hagas ningún daño; aquí estamos todos”. El carcelero pidió una lámpara, se precipitó hacia dentro, y temblando, se arrojó a los pies de Pablo y Silas. Después los sacó de allí y les preguntó: “¿Qué debo hacer para salvarme?” Ellos le contestaron: “Cree en el Señor Jesús y te salvarás, tú y tu familia”. Y les explicaron la palabra del Señor a él y a todos los de su casa.

El carcelero se los llevó aparte, y en aquella misma hora de la noche les lavó las heridas y enseguida se bautizó él con todos los suyos. Después los invitó a su casa, les preparó la mesa y celebraron una fiesta familiar por haber creído en Dios.

EVANGELIO DEL DÍA

Evangelio segun San Juan
Jn 16, 5-11

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Me voy ya al que me envió y ninguno de ustedes me pregunta: ‘¿A dónde vas?’ Es que su corazón se ha llenado de tristeza porque les he dicho estas cosas. Sin embargo, es cierto lo que les digo: les conviene que me vaya; porque si no me voy, no vendrá a ustedes el Paráclito; en cambio, si me voy, yo se lo enviaré.

Y cuando él venga, establecerá la culpabilidad del mundo en materia de pecado, de justicia y de juicio; de pecado, porque ellos no han creído en mí; de justicia, porque me voy al Padre y ya no me verán ustedes; de juicio, porque el príncipe de este mundo ya está condenado”.

Si Dios no tiene nada que ver con la pandemia, ¿por qué debería liberarnos?

Entrevistamos a los teólogos Territo, católico, y Houshmand, musulmán, sobre la iniciativa promovida por el Alto Comité de la Hermandad Humana, fuertemente alentada por el Papa y a la que se han unido los líderes de las diversas religiones del mundo.

Antonella Palermo – Ciudad del Vaticano

En la catequesis de la audiencia de ayer, centrada en el valor de la oración, el Papa Francisco nos invitó a unirnos «como hermanos al pedirle al Señor que salve a la humanidad de la pandemia, que ilumine a los científicos y sane a los enfermos». La exhortación es a disponerse en un espíritu de participación y solidaridad a la invitación del Alto Comité de Hermandad Humana para la Jornada de oración, ayuno e invocación a Dios Creador para la humanidad afectada por la pandemia.

Reconocer en la oración el valor del otro

«Hoy estamos experimentando un fruto espiritual sin precedentes de esa reunión histórica en Abu Dhabi entre el Papa Francisco y Al-Tayeb, dos hermanos, más que amigos, que firmaron el Documento sobre la Hermandad Humana para la paz mundial y la convivencia común. Dos hermanos que se preocupan por toda la humanidad». Es así como el teólogo musulmán Sharshad Houshmand Zadeh define la iniciativa del 14 de mayo. Recuerda cómo su insistente petición de reunir a todos los hombres de buena voluntad se repite en ese documento para comprender que todos somos interdependientes. Sobre este concepto clave insiste mucho: «La riqueza de la diversidad solo se puede disfrutar cuando se reconoce el valor del otro. El fundamento de cada religión es amar al prójimo».

El jesuita Luigi Territo, un erudito de teología fundamental y teología islámica, también habla de una buena iniciativa: «La oración es esencial porque podemos vivir en un mundo de fraternidad. Es a través de la luz de Dios que el extraño ya no nos aparece como un enemigo, y esto sucede de una manera incomprensible. Nos dividimos a través de la identidad, pertenencia étnica, religiosa, pero una pandemia nos recuerda que somos ante todo hombres y mujeres y en esta creación hay un proyecto de solidaridad».

Si Dios no tiene nada que ver con la pandemia, ¿por qué debería liberarnos?

Si no es Dios quien envía pandemias al mundo para castigar a la humanidad, ¿por qué debería intervenir para salvarnos de la enfermedad? El padre Territo responde a la pregunta provocativa: «Los hombres siempre estamos buscando un culpable porque esto nos salva, nos exonera. Nos volvemos a Dios para que nos enseñe cómo enfrentar esta vez. Nos volvemos a Él porque lo encontramos con nosotros en nuestra batalla diaria. Estamos en la tormenta – nos dijo claramente el Papa – y le pedimos a Jesús que despierte. Despertar no porque duerma, sino despertar en nuestros corazones, para que la ocasión dramática y dolorosa se convierta en una oportunidad para crecer en una relación íntima con el Señor. «El ayuno, la oración y la limosna son hoy una ocasión para decir: Señor, ilumina este tiempo», dice el jesuita.

El significado del ayuno y las obras de caridad

El ayuno es parte de las cinco prácticas religiosas del Islam. La profesora Houshmand lo recuerda, al igual que recuerda que el día de oración del hoy 14 de mayo cae al comienzo de la última década del Ramadán, los días más espirituales del mes sagrado, momentos de inmensa reflexión y espiritualidad. «El ayuno se logra perfectamente cuando eliminas lo superfluo, todo egoísmo y le das espacio completo a ese Dios que vive en todos los creyentes y no creyentes».

¿Pero por qué someterse a esta privación adicional, en un momento histórico ya tan doloroso? «El ayuno nos enseña a discernir nuestra hambre», dice Territo. «Nos hace responder a la pregunta ‘¿De qué se alimenta tu vida?’. Nos alimentamos de palabras, acciones, gestos, relaciones. Con el ayuno aprendemos a moderar nuestros apetitos y distinguir el hambre, la voracidad, los deseos. Y Además, el ayuno nos recuerda que un vacío vive en nosotros. Y ese vacío nos recuerda que somos personas dependientes de otra persona, es un vacío precioso que no debe llenarse de injusticia y avaricia, sino de Dios y las buenas relaciones con los demás».

Integrar la oración y el ayuno con las obras, esta es la invitación: «Nadie puede aferrarse a Dios – concluye Houshmand – solo aquellos que logran transformar sus credo en obras. La oración y el ayuno son estériles si no se llevan a cabo en servicio al el proximo».

Comienza la Semana Laudato si’: Construir juntos un mundo mejor

La semana Laudato si’, iniciativa querida por el Papa Francisco y patrocinada por el Vaticano concluirá el 24 de mayo con una Jornada Mundial de Oración.

Laudato Si’ nos dice que “todo está conectado”. En este momento extraordinario, católicos de todo el mundo nos unimos para reflexionar, rezar y prepararnos juntos por un mundo mejor. La Semana Laudato si’ (Laudato si’ Week) es parte de una campaña global con motivo del 5º aniversario de la encíclica sobre el cuidado de la casa común. El tema es «todo está conectado», y se lleva a cabo desde hoy, 16, hasta el 24 de mayo: los católicos están invitados a participar en talleres y eventos interactivos en línea, mientras que el domingo 24 de mayo al mediodía, hora local de cada país, tendrá lugar un momento mundial de oración.

¿Qué tipo de mundo queremos dejar a los que nos sucedan?

En un mensaje de video, el pasado 3 de marzo, el Papa Francisco animaba a los fieles a participar y pensar en el futuro de nuestra casa común.

«¿Qué tipo de mundo queremos dejar a los que nos sucedan, a los niños que están creciendo?» A partir de esta pregunta, el Papa renueva su urgente llamamiento para “responder a la crisis ecológica», puesto que «el clamor de la tierra y el clamor de los pobres no dan para más”. “Cuidemos la creación, don de nuestro buen Dios Creador -exhorta Francisco. Celebremos juntos la Semana de Laudato si’”.

El Dicasterio Vaticano para el Servicio del Desarrollo Humano Integral subraya que las enseñanzas de la Encíclica son particularmente relevantes en el contexto actual de la pandemia de coronavirus, que ha paralizado muchas partes del mundo. La Laudato ofrece la visión de construir un mundo más justo y sostenible.

«La pandemia – subraya don Francesco Soddu, director de Caritas Italiana – ha golpeado en todas partes y nos enseña cómo sólo con el compromiso de todos podemos levantarnos y derrotar incluso el virus del egoísmo social con los anticuerpos de la justicia, la caridad y la solidaridad. Ser constructores de un mundo más justo y sostenible, de un desarrollo humano integral que no deje a nadie atrás». «En particular – añade – esta pandemia puede ser una oportunidad para arraigar el valor de la fraternidad en nuestro futuro».

Redefinir el mundo después de la pandemia

Mientras conmemoramos la encíclica durante la Semana Laudato Si’, nuestro mundo está siendo profundamente afectado por la pandemia de coronavirus. La Semana Laudato Si’ nos ayudará a redefinir el mundo que surgirá después de que la pandemia haya pasado. La crisis actual es una oportunidad para empezar de nuevo, y para asegurarnos de que el mundo que surja después de que esta crisis haya pasado sea sostenible y justo.

Laudato si’ nos recuerda, como dijimos, que “todo está conectado” y trágicamente, esta catástrofe sanitaria tiene mucho en común con la catástrofe ecológica: el Dicasterio Vaticano recuerda que ambas son emergencias mundiales que afectarán a muchas personas, tanto directa como indirectamente, ambas son sufridas más gravemente por los pobres y vulnerables, y ambas dejan al descubierto las profundas injusticias de nuestras sociedades y ambas se resolverán sólo a través de un esfuerzo conjunto que apele a nuestros mejores valores comunitarios.

En este enlace, encontrarán una serie de recursos de los colaboradores que aportarán profundidad y vitalidad a las reflexiones en la Semana Laudato si’.

Martes de la 6° semana de Pascua

LECTURA DEL DÍA

Lectura del Libro de los Hechos de los Apostoles
Hch 16, 22-34

En aquellos días, la gente de la ciudad de Filipos se alborotó contra Pablo y Silas, y los magistrados ordenaron que los desnudaran y los azotaran. Después de azotarlos mucho, los metieron en la cárcel y le ordenaron al carcelero que los vigilara bien. Siguiendo esta orden, él los metió en el calabozo de más adentro y les aseguró los pies en el cepo.

A eso de la medianoche, Pablo y Silas estaban en oración, cantando himnos al Señor, y los otros presos los escuchaban. De pronto sobrevino un temblor tan violento, que se sacudieron los cimientos de la cárcel, las puertas se abrieron de golpe y a todos se les soltaron las cadenas.

El carcelero se despertó, y al ver las puertas de la cárcel abiertas de par en par, pensó que los presos se habían fugado y sacó su espada para matarse. Pero entonces Pablo le gritó: “No te hagas ningún daño; aquí estamos todos”. El carcelero pidió una lámpara, se precipitó hacia dentro, y temblando, se arrojó a los pies de Pablo y Silas. Después los sacó de allí y les preguntó: “¿Qué debo hacer para salvarme?” Ellos le contestaron: “Cree en el Señor Jesús y te salvarás, tú y tu familia”. Y les explicaron la palabra del Señor a él y a todos los de su casa.

El carcelero se los llevó aparte, y en aquella misma hora de la noche les lavó las heridas y enseguida se bautizó él con todos los suyos. Después los invitó a su casa, les preparó la mesa y celebraron una fiesta familiar por haber creído en Dios.

EVANGELIO DEL DÍA

Evangelio segun San Juan
Jn 16, 5-11

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Me voy ya al que me envió y ninguno de ustedes me pregunta: ‘¿A dónde vas?’ Es que su corazón se ha llenado de tristeza porque les he dicho estas cosas. Sin embargo, es cierto lo que les digo: les conviene que me vaya; porque si no me voy, no vendrá a ustedes el Paráclito; en cambio, si me voy, yo se lo enviaré.

Y cuando él venga, establecerá la culpabilidad del mundo en materia de pecado, de justicia y de juicio; de pecado, porque ellos no han creído en mí; de justicia, porque me voy al Padre y ya no me verán ustedes; de juicio, porque el príncipe de este mundo ya está condenado”.

Lunes de la 6° semana de Pascua

LECTURA DEL DÍA

Lectura del Libro de los Hechos de los Apostoles
Hch 16, 11-15

Por aquellos días, zarpamos de Tróade y navegamos rumbo a Samotracia; al día siguiente, hacia Neápolis y de ahí a Filipos, colonia romana y ciudad principal de la región de Macedonia.

En Filipos nos quedamos unos días. El sábado salimos de la ciudad y nos fuimos por la orilla del río hasta un sitio donde solían tenerse las reuniones de oración. Allí nos sentamos y trabamos conversación con las mujeres que habían acudido.

Entre las que nos escuchaban, había una mujer, llamada Lidia, de la ciudad de Tiatira, comerciante en púrpura, que adoraba al verdadero Dios. El Señor le tocó el corazón para que aceptara el mensaje de Pablo. Después de recibir el bautismo junto con toda su familia, nos hizo esta súplica: “Si están convencidos de que mi fe en el Señor es sincera, vengan a hospedarse en mi casa”. Y así, nos obligó a aceptar.

EVANGELIO DEL DÍA

Evangelio segun San Juan
Jn 15, 26–16, 4

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando venga el Consolador, que yo les enviaré a ustedes de parte del Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, él dará testimonio de mí y ustedes también darán testimonio, pues desde el principio han estado conmigo.

Les he hablado de estas cosas para que su fe no tropiece. Los expulsarán de las sinagogas y hasta llegará un tiempo, cuando el que les dé muerte creerá dar culto a Dios. Esto lo harán, porque no nos han conocido ni al Padre ni a mí. Les he hablado de estas cosas para que, cuando llegue la hora de su cumplimiento, recuerden que ya se lo había predicho yo’’.

Una Iglesia humilde para una humanidad golpeada

Publicamos la última reflexión de la serie dedicada por el Padre Lombardi al futuro que nos espera después de la pandemia: ¿seremos una comunidad capaz de acompañar fraternalmente con la caridad y la bondad?

FEDERICO LOMBARDI

Al final del Gran Jubileo del año 2000, que él había vivido y nos invitaba a vivir como un gran encuentro entre la gracia de Cristo y la historia de la humanidad, Juan Pablo II escribió a la Iglesia una hermosa Carta titulada: «Al comienzo del tercer milenio», en la que resonaban las palabras de Jesús a Pedro: «Duc in altum…Navega mar adentro, y echen las redes» (Lc 5,4). El Papa invitaba a «a recordar con gratitud el pasado, a vivir con pasión el presente y a abrirnos con confianza al futuro», porque «Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y siempre «. Como sabemos, el Papa Francisco retomó y relanzó el tema hablando desde el inicio de su pontificado sobre la «Iglesia en salida», una Iglesia evangelizadora animada por el Espíritu que le fue donado por Cristo Resucitado.

En la tarde del 12 de octubre de 2012, Benedicto XVI pronunció un breve discurso desde la misma ventana desde la que 50 años antes Juan XXIII había saludado, bajo la mirada benévola de la Luna, a la multitud que se había congregado en la Plaza de San Pedro al término de la jornada de apertura del Concilio. Benedicto, con la mirada dirigida a lo alto, hizo una reflexión que impactó mucho, porque no suscitaba el deseado fácil entusiasmo, sino que -incluso en confianza- inspiraba una gran humildad, característica del final de su pontificado. Recordó cómo en los 50 años anteriores la Iglesia había experimentado el pecado, la cizaña mezclada con el trigo en el campo, la tempestad y el viento contrario. Pero también el fuego del Espíritu, el fuego de Cristo. Pero como un fuego no devorador sino humilde y silencioso, una pequeña llama que suscita carismas de bondad y caridad que iluminan el mundo y dan testimonio de su presencia entre nosotros.

Al acercarse Pentecostés, pienso en las palabras de nuestros tres papas del Tercer Milenio. En realidad, este nuevo Milenio, en el que ya llevamos entrando veinte años, no ha se ha manifestado, en su conjunto, como una época de progresos luminosos para la humanidad. Se abrió con el 11 de septiembre de 2001 y la Guerra del Golfo, luego tuvimos la gran crisis económica y la guerra mundial «por partes», la destrucción de Siria y Libia, el agravamiento de la crisis ambiental, muchos otros problemas, y ahora una pandemia mundial con sus consecuencias, una experiencia inédita que marca a este papado. Ciertamente no faltan nuevos éxitos y progresos científicos en la salud, la educación, las comunicaciones, por lo que no sería correcto precipitarse en balances negativos. Pero ciertamente no podemos hablar de un camino lineal y seguro para la humanidad hacia lo mejor. La experiencia de la pandemia, aunque se supere, es ciertamente una experiencia común de incertidumbre, de inseguridad, de dificultades para gobernar el camino cada vez más complejo de la sociedad contemporánea. No sabemos si en el futuro lo leeremos como una oportunidad para el crecimiento de la solidaridad o de nuevas tensiones internacionales e internas y desequilibrios sociales. Probablemente ambas dimensiones se mezclarán: el trigo y la cizaña.

La Iglesia de este primer milenio desde el punto de vista humano no es fuerte. Su fe es puesta a prueba por las deserciones espirituales de nuestros tiempos. Su credibilidad es puesta a prueba por la humillación y la sombra de los escándalos. La historia continúa y la Iglesia sigue aprendiendo que su única fuerza verdadera es la fe en Cristo Jesús resucitado y el don de su Espíritu. Un frágil vaso de tierra en el que está contenido el tesoro de un poder de vida que va más allá de la muerte. ¿Seremos una Iglesia humilde capaz de acompañar fraternalmente a una humanidad herida, con caridad y bondad? ¿Con una caridad tan penetrante que anime incluso a las inteligencias y fuerzas sociales a buscar y encontrar los caminos del bien común y de la vida mejor? ¿Una Iglesia del lavatorio de pies en nuestro tiempo, como dice el Papa Francisco? En alta mar, en un mar todavía y siempre desconocido para todos nosotros, pero nunca extraño para el amor de Dios…

En la maravillosa secuencia de Pentecostés invocamos el don del Espíritu como padre de los pobres y luz de los corazones, como consuelo y aliento, como fuerza que cura las faltas, las arideces, las heridas, que calienta lo que está helado, que endereza lo que está desviado. Ofrecer al Espíritu del Señor un espacio abierto de espera y deseo, un espacio concreto de mentes y corazones, de almas y carne humana, para que pueda obrar y manifestarse en el tejido profundo de nuestra humanidad -el de las guerras y las pandemias- como una potencia de salvación de la fragilidad y la soledad, de la aridez, de la confusión, de los engaños de las ilusiones y de la desesperación, como una potencia de esperanza de vida eterna. Esto bien puede hacer una Iglesia humilde, hermana, compañera y servidora de una humanidad golpeada. Y es la cosa más importante.

Domingo de la 6° semana de Pascua – Ciclo A

LECTURA DEL DÍA

Primera lectura

Lectura del Libro de los Hechos de los Apostoles
Hch 8, 5-8. 14-17

En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaria y predicaba allí a Cristo. La multitud escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los milagros que hacía y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos, lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados quedaban curados. Esto despertó gran alegría en aquella ciudad.

Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén se enteraron de que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan. Éstos, al llegar, oraron por los que se habían convertido, para que recibieran el Espíritu Santo, porque aún no lo habían recibido y solamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces Pedro y Juan impusieron las manos sobre ellos, y ellos recibieron el Espíritu Santo.

Segunda lectura

Lectura de la primera Carta de San Pedro
1 Ped 3, 15-18

Hermanos: Veneren en sus corazones a Cristo, el Señor, dispuestos siempre a dar, al que las pidiere, las razones de la esperanza de ustedes. Pero háganlo con sencillez y respeto y estando en paz con su conciencia. Así quedarán avergonzados los que denigran la conducta cristiana de ustedes, pues mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal. Porque también Cristo murió, una sola vez y para siempre, por los pecados de los hombres; él, el justo, por nosotros, los injustos, para llevarnos a Dios; murió en su cuerpo y resucitó glorificado.

EVANGELIO DEL DÍA

Evangelio segun San Juan
Jn 14, 15-21

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré al Padre y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes, en cambio, sí lo conocen, porque habita entre ustedes y estará en ustedes.

No los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes. Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán, porque yo permanezco vivo y ustedes también vivirán. En aquel día entenderán que yo estoy en mi Padre, ustedes en mí y yo en ustedes.

El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. Al que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él”.

Sábado de la 5° semana de Pascua

LECTURA DEL DÍA

Lectura del Libro de los Hechos de los Apostoles
Hch 16, 1-10

En aquellos días, Pablo fue a Derbe y luego a Listra. Había allí un discípulo, llamado Timoteo, hijo de padre griego y de madre judía cristiana. Timoteo gozaba de muy buena fama entre los hermanos de Listra e Iconio. Pablo quiso llevarlo consigo y lo circuncidó, en atención a los judíos de aquellas regiones, pues todos sabían que su padre era pagano.

En todas las ciudades por donde iban pasando, daban a conocer las decisiones tomadas por los apóstoles y los presbíteros de Jerusalén, para que las pusieran en práctica. De esta manera las comunidades cristianas se fortalecían en la fe y el número de creyentes aumentaba cada día más.

Como el Espíritu Santo les había prohibido predicar la palabra en la provincia de Asia, Pablo y Timoteo atravesaron Frigia y Galacia. Al llegar a los límites de Misia, se propusieron ir a Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió. Entonces atravesaron Misia y llegaron a Tróade. Por la noche, Pablo tuvo una aparición: vio a un macedonio, que de pie ante él, le rogaba: “¡Ven a Macedonia y ayúdanos!”

Después de esta visión, determinamos salir para Macedonia, convencidos de que Dios nos llamaba a predicar allí el Evangelio.

EVANGELIO DEL DÍA

Evangelio segun San Juan
Jn 15, 18-21

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si el mundo los odia, sepan que me ha odiado a mí antes que a ustedes. Si fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya; pero el mundo los odia porque no son del mundo, pues al elegirlos, yo los he separado del mundo.

Acuérdense de lo que les dije: ‘El siervo no es superior a su señor’. Si a mí me han perseguido, también a ustedes los perseguirán, y el caso que han hecho de mis palabras lo harán de las de ustedes. Todo esto se lo van a hacer por mi causa, pues no conocen a aquel que me envió”.

Cáritas América Latina: Los Estados garanticen sobrevivencia y dignidad de todos

“Uno de los grandes desafíos de la grave crisis actual que afecta globalmente a los más pobres y vulnerables, es garantizar alimentos de calidad para la población, y todos aquellos otros servicios que dan calidad de vida, como agua potable, luz eléctrica, educación y medicamentos”. Este es el llamado del presidente de Cáritas de América Latina y El Caribe, monseñor José Luis Azuaje, arzobispo de Maracaibo.

Alina Tufani-Ciudad del Vaticano

“Solidaridad ante la pandemia de Covid-19 y ante sus efectos en las economías y sociedades” se titula el comunicado de Caritas América Latina y el Caribe, dedicado a las grave situación causada por la pandemia de COVID-19  y que ha hecho evidente las consecuencias de una» estructura históricamente desigual», que segrega e impone innumerables vulnerabilidades a los pueblos latinoamericanos.

El documento con fecha de ayer, jueves 14 de mayo, revela el impacto de las medidas necesarias para la contención del contagio sobre innumerables familias que no tienen cubiertas sus necesidades básicas y tampoco tienen acceso a espacios que garanticen el ejercicio de sus derechos,  condiciones estas, que conllevan a un aumento de situaciones de conflicto.  “Observamos que la falta de información de calidad, la alta circulación de “fake news” sobre el COVID-19, el desabastecimiento, la falta de recursos económicos para la obtención de material de higiene y el insuficiente número de agentes públicos de salud y de redes de protección, coadyuvan al agravamiento de la situación de riesgo de estas poblaciones” , constata el prelado venezolano.

En este contexto, Cáritas América Latina y el Caribe reconoce el enorme esfuerzo solidario de los servidores públicos sanitarios que están en primera línea en el cuidado de las personas, incluso a riesgo de sus propias vidas, así como la activación de muchos otros servicios necesarios a las comunidades. No obstante, exhorta a los gobiernos de la región a no poner en primer lugar la salvaguarda de “algunos sectores dominantes” de las economías nacionales en detrimento del pueblo en general y de los más pobres, en particular.

“Queremos recordarles a los entes financieros y a los Estados – subraya el mensaje – que “no podemos permitirnos escribir la historia presente y futura de espaldas al sufrimiento de tantos, por lo que consideramos que es el momento que el Estado asuma una actitud solidaria y eficiente para garantizar la sobrevivencia y la dignidad de nuestros pueblos, especialmente a los más desprotegidos, a través de políticas públicas y acciones que dejen atrás negociaciones partidistas y electorales, y se enfoquen en salvaguardar como interés prioritario, la dignidad humana y el bien común”

Monseñor Azuaje recuerda que de las crisis pueden activar no sólo el afán de superarlas sino también abrir horizontes a una situación social que reclama cambios. “Aspiramos que todo no vuelva a la idéntica normalidad excluyente de antes de la pandemia, sino a nuevos diseños de propuestas económicas y políticas que sean incluyentes, solidarias, donde el centro de interés sea la vida en sus distintas esferas, especialmente el resguardo de la Casa Común, afirma.

Luego de valorar y describir el gran trabajo que la red de Cáritas de la región está realizando a 360 grados para atender y acompañar a los sectores más frágiles y vulnerables de la sociedad, el presidente de la Cáritas latinoamericana invita al “discernimiento de la realidad de cada uno de nuestros países y de la Región, para asumir aprendizajes compartidos, reflexiones innovadoras en el diseño de nuevas formas de relacionamiento y de economías sustentables, críticas al viejo modelo que ha generado pobreza, exclusión e inequidad en nuestros pueblos».

Al reiterar el compromiso de la Iglesia católica en la difíicil situación actual y poner  sus instituciones al servicio de la vida de todos los ciudadanos del continente, monseñor Azuaje concluye su mensaje pidiendo la intercesión de  María de Guadalupe y San Óscar Arnulfo Romero, “para que guíen nuestros pasos y nos permitan servir con dedicación a nuestros hermanos y hermanas desde una decidida opción por los pobres y con la esperanza que da Cristo Resucitado en este tiempo de Pascua”.